ROCAFORT Y EL OLMO SECO DE MACHADO

ROCAFORT Y EL OLMO SECO DE MACHADO

Nuestro célebre poeta, Antonio Machado, escribió en su poema al olmo seco:

“Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.”

El vivió en Rocafort durante la guerra, en “Villa Amparo”, respirando campo y naturaleza. El 22 de Febrero habrán pasado 70 años de su muerte, y no imaginó, a buen seguro, que este pueblo, al igual que el olmo seco, sería presa del furor urbanístico que como:

“Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.”

Rocafort, lugar residencial y señorial el pasado siglo, pero amenazado por el avance del asfalto en el cinturón metropolitano de Valencia, sigue manteniendo la ilusión, para muchos antiguos y nuevos vecinos, de ser un lugar tranquilo y silencioso, sin el estrés de la capital.

Los campos de almendros y naranjos y la gran cantidad de árboles que antaño había en el municipio forman parte de ese pasado que aún está vivo, aunque cada vez menos; y, como el olmo…

“no será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.”

En la época de la guerra civil Rocafort, a diferencia de los pueblos cercanos, no fue  bombardeado, aunque contó con dos refugios para proteger a la población. Permanecieron intactas las grandes casonas que hicieron las veces de embajadas en el gobierno desplazado de la Segunda República, y fue lugar visitado por los artistas e intelectuales de renombre internacional  que asistían al congreso antifascista de Valencia.

Ahora sin embargo, sí se estrecha el cerco que separa nuestro pueblo del gris entramado urbano. Las retomadas obras del PAI de Bovalar, la espada de Damocles de la proyectada autovía “Vía Parque Norte”, la próxima urbanización en el PAI de la Torre del Pirata en la vecina Godella y el lento pero continuo goteo de construcciones y destrucciones en nuestro término municipal  son parte de ese proceso que muchos llaman, como en una nueva versión del cuento del emperador desnudo, “progreso”.

La calidad de vida que procede del contacto con la naturaleza, y del tamaño armonioso de casas y calles ya se ha perdido. Tu centro, Rocafort, aún retiene un cierto sabor modernista …

“antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,”

Y ahora que la crisis ha ralentizado este triste deterioro, dando una pausa a las vecinas y vecinos de Rocafort para reflexionar sobre otro Rocafort posible, sin el polvo de las excavadoras ni el ruido del taladro, saboreando los versos esperanzadores de Machado…

“quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.”

Ana Gómez García

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